viernes, 24 de febrero de 2017

Si las cosas se ponen peor, siempre podemos exportar capullos

Magnífica Jane Goodall:

"El ser humano, como especie, va hacia atrás".



En esta España mía, está España nuestra lo que se da mejor no son las naranjas, ni los plátanos de Canarias, sino los capullos. Tenemos muchísimas variedades: los hay con resultado de muerte, y sin muerte, como la pesca en algunos ríos. A La primera variedad pertenecen los que corren un encierro en San Fermín con un resacón del calibre 45 mientras se graban con el móvil. Entre los de la segunda variedad podemos citar los que van a ver una película de Isabel Coixet protagonizada por Dani Rovira, los que compran un cd del hijo de la Pantoja, etc.... Esta segunda variedad tiene la ventaja de que como el capullo no muere, sólo queda un poco dañado. Así puede reincidir llegando a la excelencia por medio de la constancia.

Para que veáis que Koti se preocupa por vuestro bienestar vengo a informaros de la última variedad, esta vez aparecida fuera de nuestras fronteras.

 Consiste en tumbarse boca arriba flexionar las rodillas hasta casi llevarlas a la cara, en posición fetal y envolverse completamente en una tela fina. Una vez envueltos hay que permanecer inmóviles y en silencio durante 20 minutos. Cuando sales del capullo estás. literalmente, en paz con el universo, ,incluso en paz con Hacienda.

La eficacia de esta técnica está completamente demostrada y como prueba tenemos lo ocurrido hace sólo unos días en Barcelona.

Una horda de japoneses, de los que invaden periódicamente la ciudad, llegó al Ayuntamiento cuando estaban haciendo un tour por la ciudad.
Quedar un poco desconcertados al ver unos carteles y pidieron una explicación a su guía. Ella les aclaró que como la población de la ciudad está formada mayoritariamente por pakistaníes y filipinos los carteles estaban redactados en urdú y tagalo.

Sin que se registraran desmayos, infartos ni ataques de ningún tipo, los japoneses hicieron sus fotos y la horda volvió al autobús ordenadamente (como corresponde). Eso demuestra que los nipones habían pasado previamente por el capullo. Por eso no había nada que pudiera alterarlos.

Es el negocio del futuro:un terrenito y a cultivar capullos

De homo sapiens a gusanos en capullo Jane Goodall tiene razón: un gran salto atrás.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Nunca digas nunca jamás

Nunca pensé que diría esto pero ayer la ultraderechista francesa Marine Le Pen hizo algo que tiene mi aprobación.
De visita oficial en el Líbano, se negó a cubrirse la cabeza con un pañuelo para entrevistarse con el líder religioso del país. Ya había avisado de que no lo haría y ella pensó que con el aviso era suficiente y estaría dispensada  y la entrevista se celebraría igualmente pero al llegar se encontró con que no habían tenido en cuenta su aviso. Posiblemente, para presionarla, la obligaron a tomar una decisión en aquel momento y Marine se mantuvo firme en su intención.



Si hay obligaciones de protocolo los hay para todos. O todos moros, o todos cristianos, como nuestro dicho popular. Cuando Felipe y Letizia se casaron se avisó previamente a todos los invitados del protocolo en el vestuario y precisamente Rania de Jordania hizo caso omiso del protocolo con una falda larga. Y no porque no estuviera avisada, sino porque quiso imponer su capricho y voluntad.
Yo misma he agachado la cabeza en una ocasión si quería ver el interior de la mezquita mayor de Damasco tenía que cubrirme no con un pañuelo, sino con un velo negro de pies a cabeza y lo hice por amor al arte solamente (léase de forma absolutamente literal). Pero nunca  pero nunca lo haría por otro motivo y mucho menos para escenificar mi sumisión a un hombre por mucha autoridad o poder que tenga.


Prometo que bajo esa silueta oscura soy yo,

Así que rectifico, y obligo a la bruja que llevo dentro a ponerpunto en boca, hasta esa señora es capaz de tomar decisiones correctas, desde mi punto de vista

martes, 21 de febrero de 2017

El Tenorio en tiempos de Twitter

Es un  tema recurrente  que si los niños sólo miran pantallas de móviles, tablets etc... Esta mañana, leyendo peródicos me vino a la memoria una experiencia de mis tiempos como profesora de instituto, que traigo aquí para  conocer vuestro parecer. Yo opino que lo adultos son los culpables de todo esto.

Si a un niño le das siempre bazofia, acabará gustándole o acostumbrándose.


A mí me encanta El Tenorio, y comprendo que siga siendo un referente del teatro español. Los más grandes actores le han dejado su impronta. Oir la profunda y maravillosa voz de Fernando Guillén recitando esos versos hace  que mi interior se derrita como  un helado bajo el sol de agosto. Quizás sea porque desciendo de un autor de dramas románticos, Eusebio Asquerino. Ahora casi nadie lo recuerda, pero en su época disfrutó del suficiente reconocimiento como para que Esquivel lo incluyera en un cuadro que retrata a los poetas románticos, cuadro que está en el Prado. En fin, sea porqué crecí viendo la obra en la televisión cada día de difuntos de mi infancia, por  mandato de mi ADN o porque me gusta el teatro en verso, aquí estoy.

Lo que ocurrió en el instituto fue que hice una apuesta con el profesor de Lengua y Literatura:
pondría en una clase de 2º de ESO la grabación de un  representación del Tenorio. ¡Teatro en verso y en blanco y negro!, dijo mi compañero, estoy seguro de que no aguantarán ni 10 minutos. Aguantaron, por supuesto. Les encantó la chulería del Don Juan, la apuesta con Don Luis Mejía, el desafío a los muertos, todo. Y al final de la clase tuve que prometerles que en la siguiente clase seguiríamos hasta el final. Sólo fue necesario lo normal, ponerles en el contexto con unas breves explicaciones y explicarles algunas palabras


Hubo un inesperado efecto secundario:  durante unos días se oyó en el patio bellaco, malandrines, rufián, pero nadie protestó y todo pasó. Mi compañero aceptó mi victoria y yo demostré que a los niños no hay que tratarlos como a retrasados.

Espero vuestras opiniones.













sábado, 18 de febrero de 2017

Addenda a "la enfermedad no es una guerra", de Moli

Hace unos días, un un precioso post de Moli me ensanchó el corazón, porque por fin alguien tenía el acierto de opinar sobre un tema en el mismo sentido en el que yo pienso y lo expuso valientemente, sabiendo que recibiría muchos comentarios contrarios.   Desde ese momento, es tema me salta a la cara por todas partes, hasta el punto de que ya no resisto más y voy a escribir mi propia versión.

Me siento menospreciada cada vez que oigo o leo cómo se usa, para referirse a la enfermedad ese lenguaje pseudomilitar o bélico ( se entenderá mejor si leéis el post de Moli), porque yo no soy menos luchadora o más cobarde que aquel que está sano, simplemente, he tenido menos suerte y no soy en modo alguno responsable de mi estado. Hay cosas que se pueden superar y otras que no.  Y no se le puede ni insinuar  a quien ha dedicado enormes cantidades de tiempo, esfuerzo y dinero, a quien ha derramado muchas lágrimas por el dolor físico que no tiene derecho a rendirse o que no ha sido suficientemente valiente. ¡A la mierda!, como diría Fernando Fernán Gómez en su momento.

Estoy de acuerdo en que un tío con los dos pulmones trasplantados que corre carreras de un montón de kilómetros (según noticia del Telediario), tiene bastantes cualidades, pero yo también las tengo, aunque no haya sido capaz de recuperar el montón de capacidades que perdí hace 5 años. Y si me quedan muchas cosas por recuperar no es porque sea blandita, sino precisamente porque quizás tenía muchas capacidades, tantas que la lista de cosas a recobrar es muy larga. De hecho, he alcanzado mucho más de lo que se esperaba de mí. La neuróloga que me atendió se quedó boquibierta cuando me vio caminando con un bastón y comprobó que recordaba su nombre de pila y también el de su marido.

A mí también me gustaría tener un estómago completamente plano, pero estoy confinada en una butaca, así que me conformo con estar sana (tendríais que ver mis análisis, más de uno me los envidiaría). Tengo motivos para estar triste y no me apetece participar en esos happenings dedicados al Día de Tal o Cual cosa, a soltar globitos de colores, porque soy una persona madura y las fiestecillas infantiloides dejaron de divertirme hace décadas,

Este fin de semana el suplemento dminical XLS saca en portada a Pau Donés. Chico, siento que estés enfermo, pero esa actitud chulesca no aporta nada y soluciona menos aún. Así que te respondo de la misma forma: ¿Que pasa? Y te digo más. Creo que tú no tienes la culpa, sino los medios de comunicación que se empeñan en hablar de vosotros como si poseyérais una superioridad moral que no veo por ninguna parte. No les hagas el juego, por favor.